Aspectos esenciales del maestro
Una condición fundamental del buen maestro es su compromiso con
la formación humana. Formar es influir en la manera de ser y actuar
de los alumnos, y es un proceso que involucra tanto la razón como
la sensibilidad. La posibilidad de formar exige al maestro un proyecto
de vida consecuente con los principios que orientan su labor educativa.
Es también una labor esencial del buen maestro tender puentes
que comuniquen los alumnos con diversos dominios del conocimiento; señalar
horizontes inagotables de saber; descorrer cortinas que ocultan la verdadera
naturaleza de los fenómenos y las cosas.
El maestro debe ser capaz de expresar y sentir ternura, estar siempre
abierto y sensible a las vivencias afectivas de los alumnos; transmitir
en la experiencia de enseñar el goce del conocimiento; revelar a
sus discípulos la manera cómo el conocimiento embellece la
vida; contagiarles de actitudes de respeto hacia sí mismos, de entusiasmo
y calidez en su relación con los otros, de autoconfianza y valoración
de sus posibilidades.
Debe ser una persona organizada en sus ideas, segura, y bien documentada
para que su palabra comunique con claridad, convenza, tenga impacto, y
movilice los alumnos hacia cambios significativos. Que maneje apropiadamente
las diversas técnicas, recursos, y métodos de comunicación
necesarios para hacer más atractiva y eficiente la transmisión
de sus mensajes.
Presentación personal
La belleza es vitalidad, es una fuerza interior que se irradia a través
de todo el cuerpo: gestos, movimientos, miradas, posturas, atuendos, silencios,
expresiones.
La apariencia corporal es el reflejo de
nuestro estado interior.
Si poseemos paz y armonía espiritual nuestras expresiones, posturas,
y movimientos lucirán más esbeltos, espontáneos y
coordinados.
El maestro tiene que mirarse a sí mismo, descubrir que reflejan
sus expresiones corporales, percatarse de la fuerza comunicativa que tiene
y proyecta su cuerpo. El rasgo más hermoso que puede acompañar
la presentación del maestro es una actitud que revele nítidamente
alegría, sensibilidad, compromiso, esfuerzo, deseo de superación,
convicción moral, y honradez intelectual.
Lenguaje y conocimiento
Además de la comunicación, otra función esencial
del lenguaje es la representación. La concepción del mundo
que poseen los pueblos está plasmada en su sistema lingüístico.
El lenguaje permite tanto la génesis del pensamiento como su expresión.
El repertorio lingüístico que conocemos y manejamos sirve de
vehículo a una forma particular de pensar. Las ideas y conceptos
de las ciencias se configuran por medio del lenguaje. Según Schaff
"Aprendemos las ideas a través de las palabras". El lenguaje no
sólo permite nombrar la realidad que conocemos sino explorar lo
desconocido.
El lenguaje del maestro, que constituye el medio fundamental de interacción
en el proceso educativo, no es neutral. Indica a los alumnos un punto de
vista sobre el mundo al que hace referencia y sobre la actitud para pensar
acerca de él. Por ejemplo, cuando un docente enseña en clase
un fenómeno natural, un concepto histórico, o un problema
matemático, no sólo está transmitiendo información
y datos objetivos sino que también expresa valoraciones, preferencias,
y visiones de orden subjetivo.
A pesar de que los medios de comunicación tienden a generalizar
ciertos patrones verbales, no todos los niños manejan los mismos
formatos de habla. En los estratos sociales de clase media y alta los alumnos
exhiben una capacidad de verbalizar mayor que los de sectores marginales.
Algunos niños no disponen de los recursos lingüísticos
adecuados para expresar sus sentimientos e ideas más allá
del entorno inmediato. Muchas veces el fracaso escolar obedece a estas
limitaciones lingüísticas que impiden al alumno referir, describir,
o nombrar los conocimientos y objetos de aprendizaje en los términos
que espera el maestro y que la cultura escolar valida.
Afectividad y aprendizaje
La escuela suele disociar el aprendizaje de los sentimientos, relegando
así el mundo afectivo de la experiencia intelectual. En consecuencia
las personas actúan regidas primordialmente por sus razonamientos
lógicos sin considerar las implicaciones humanas de sus actuaciones,
sin sentir el conocimiento. Tampoco se mezcla el aprendizaje con la alegría,
la motivación, el entusiasmo, el deseo, y las distintas sensaciones
corporales. Es indispensable recuperar una actitud amorosa en la cotidianeidad
educativa. El amor nutre la preocupación constante y sincera por
el mejoramiento del otro.
Una atmósfera cálida y humana es siempre garantía
de un aprendizaje mejor y más significativo. Adicionalmente a los
logros académicos un ambiente así desarrolla otras actitudes
esenciales para un buen desarrollo personal tales como: confianza en sí
mismo; capacidad de escucha; aumento de la creatividad; disfrute de la
compañía de los demás; capacidad de dar y recibir
ternura; capacidad de expresar con espontaneidad distintos sentimientos.
La afectividad es un elemento presente y fundamental en todos los eventos
de interacción escolar. En la construcción de una nueva escuela
más vinculada con la vida, el conocimiento y el afecto tienen que
estar estrechamente relacionados. Si un maestro no revela un interés
profundo y sincero en las disciplinas que enseña difícilmente
hará significativa y motivante para los alumnos la experiencia de
aprender. La tarea de enseñar debe irradiar alegría, verdad,
y convicción para que induzca aprendizajes jubilosos y comprometidos.
Enseñanza y comunicación oral
Decir no es enseñar. La verdadera pedagogía se funda en
una comunicación recíproca entre el maestro y el alumno.
Podemos hablar con más belleza, fuerza, y convicción de lo
que hemos sentido y experimentado. Sólo la palabra que tiene un
claro sabor a vivencia llega al alumno y lo incita a crecer
La comunicación es deseo y necesidad de conocer. Exige interés
en el otro, capacidad de escucha, apertura, disposición a percibir
lo que el interlocutor siente y piensa. Comunicarse es atreverse a estar
cerca, es asumir el riesgo de que el otro nos sorprenda.
La efectividad y calidad de la comunicación oral dependen de
la habilidad del maestro para emplear los métodos correctos en el
momento oportuno, y del gusto y propiedad con que maneja su tema de exposición.
Con su palabra el maestro exalta o degrada el espíritu de sus
alumnos. Un reproche o un elogio pueden marcar el destino de un niño.
El respeto, la prudencia, la ecuanimidad, la sabiduría deben iluminar
siempre las expresiones verbales del docente.
El maestro debe reconocerse como sujeto que, aún inconscientemente,
está comunicando. Nuestras palabras comportan más significaciones
de las que queremos expresar; llevan consigo valoraciones y sentidos inconscientes.
Entornos de aprendizaje
Más que un simple dispensador de información el maestro
debe ser un arquitecto de ambientes, condiciones, entornos, y situaciones
donde los alumnos puedan explorar, experimentar, y construir conocimiento.
Enseñar es mostrar senderos, sugerir rutas hacia lo desconocido.
Es necesario dar a los alumnos la oportunidad de transitar su propio camino
y encontrar las cosas por sí mismos. Lo importante es enseñar
a aprender. Heidegger anotaba que "
enseñar es más difícil
que aprender porque enseñar significa dejar aprender". En el
aprendizaje es más importante el proceso que el resultado. El verdadero
maestro no es el que atiborra de información y conocimientos a sus
discípulos, sino el que alimenta en ellos su deseo de aprende.
La formación intelectual y profesional que reciben los maestros
en las instituciones educativas formales no necesariamente satisfacen los
intereses, expectativas, deseos, o sueños de los alumnos. Un maestro
con sabiduría, sensibilidad, y respeto puede iluminar y alentar
en sus alumnos opciones de vida y aprendizaje que les permita una auténtica
realización personal. Una nueva escuela que responda a las necesidades
esenciales del ser humano exige un maestro audaz e intuitivo que no sólo
crea en los modelos tradicionales de desarrollo personal y social.
Enseñar a preguntar
La misión de la escuela no es ofrecerle al alumno repertorios
de respuestas, sino enseñarle a preguntar. Los más grandes
desafíos a las posibilidades humanas los ofrecen precisamente las
preguntas que no tienen solución fácil. Es necesario construir
una pedagogía de la pregunta. El deseo de preguntar es inherente
a la condición humana. El auténtico maestro no sólo
muestra una permanente disposición por preguntar, sino que respeta
y valora las preguntas de los alumnos.
Ni lo insólito, ni lo absurdo, ni lo irreverente, ni lo elemental
de las preguntas que formulen los alumnos justifican una reacción
de burla, rechazo, o desprecio por parte del docente. En muchas ocasiones
este tipo de interrogantes han sido el punto de partida de grandes desarrollos
en la ciencia y en el arte.
Las múltiples inteligencias
La investigación cognitiva actual ha demostrado que los seres
humanos poseen distintos tipos de inteligencia, los cuales determinan formas
y estilos diferentes de aprender, recordar, actuar, y comprender. Para
abarcar adecuadamente el ámbito de la cognición humana es
necesario incluir un repertorio de aptitudes más universal y amplio.
Es preciso también admitir la posibilidad de que muchas de estas
aptitudes, si no la mayoría, no se prestan a mediciones por medio
de la expresión oral o escrita, que dependen en gran medida de una
combinación de capacidades lógicas y lingüísticas.
Las teorías psicológicas sobre la inteligencia no pueden
ignorar las diferencias existentes entre los contextos en que viven y se
desarrollan los seres humanos. En vez de suponer que tenemos una inteligencia
independiente de la cultura en que nos toca vivir, hoy muchos científicos
consideran la inteligencia como el resultado de una interacción,
por una parte, de ciertas inclinaciones y potencialidades, y por otra,
de las oportunidades y limitaciones que caracterizan un ambiente cultural
determinado (Gardner, 1994).
La búsqueda de la comprensión
Numerosas investigaciones han constatado que la mayoría de los
alumnos carecen de un nivel adecuado de comprensión. Aunque demuestran
en clase un dominio aceptable de algún tema- una ley física,
un axioma matemático, un principio sociológico, un estilo
literario, un ritmo musical- son incapaces de aplicarlos a un nuevo contexto.
Si se alteran ligeramente las condiciones en que los evalúan, las
competencias y destrezas que habían demostrado desaparecen.
La comprensión profunda de los diversos objetos de conocimiento
no ha sido un objetivo prioritario de nuestra escuela. Los maestros promueven
y aceptan un conocimiento ritual, y estereotipado. Se satisfacen con respuestas
que son sólo un recuento verbal o escrito más o menos preciso
de hechos, conceptos, o problemas que han enseñado.
Por qué los alumnos no logran comprender adecuadamente lo que
se les enseña? Una razón posible es que quienes tienen la
responsabilidad de la educación no han apreciado el enorme poder
de las concepciones iniciales, estereotipos, y esquemas que los alumnos
traen a la escuela, ni la dificultad para modificarlos o erradicarlos.
No han sido capaces de ver que casi en todo estudiante hay una mente de
un niño de cinco años sin ninguna escolaridad que pugna por
salir y expresarse (Gardner, 1993).
Valores
La misión fundamental de un educador es cultivar el espíritu
de los alumnos, no atiborrar su cerebro de conocimientos. El discípulo
debe ver en su maestro un portador de los mejores valores de la sociedad:
la autenticidad, la pasión por el conocimiento, la honradez, la
disciplina, la generosidad, la autocrítica, la sencillez, el patriotismo,
la identidad cultural, el respeto por la naturaleza, la valoración
de lo estético, el optimismo frente al futuro. Sólo si la
educación logra atraer y comprometer a los mejores hombres, podrá
pensarse en proyecto educativo que responda cabalmente a las necesidades
y expectativas de la sociedad.
Un maestro no tiene que ser el ejemplo viviente de todas las virtudes,
ni el único o mejor modelo que sigan los alumnos en todos los campos.
Sí debe ser un testimonio de superación y desarrollo humano
permanente. Es necesario que cada día sienta la necesidad de crecer,
de elevar su condición humana.
Sólo si el maestro es capaz de exigirse siempre búsquedas
más elevadas en lo cognitivo, lo sensitivo, lo estético,
y lo afectivo, sintiendo que entrega en su trabajo lo mejor de sí
mismo, podrá mostrar a los alumnos que hay muchos campos en los
cuales sería hermoso y necesario crecer, alentando en ellos un deseo
constante de lucha y superación.
El humor
Un propósito loable del nuevo maestro es atenuar la rigidez característica
de la educación formal, contribuyendo a transformarla en una experiencia
más lúdica y divertida. La experiencia escolar no puede seguir
siendo un tributo a la monotonía, al aburrimiento, a la memorización
sin sentido. Es urgente y necesario poner en cuestión el viejo precepto
según el cual "el sufrimiento es una condición para aprender".
Los educadores no tienen que poner cara solemne para conseguir que los
alumnos les respeten y obedezcan. El rigor científico no riñe
con un tono festivo.
La seriedad ante el trabajo y la vida no implica una actitud acartonada,
rígida y ceremoniosa. Creerse sabio es lo más ridículo
que uno pueda imaginar. El buen sentido del humor refleja una gran capacidad
crítica y agudeza de análisis. Aunque el humor suele asociarse
a la frivolidad, y considerarse opuesto a la seriedad y a la formalidad,
es parte de una actitud concienzuda y rigurosa.
El silencio
No sólo la palabra es portadora de las enseñanzas de un
maestro. También con su silencio puede irradiar conocimientos, valores,
y actitudes. La profundidad y riqueza de un mensaje no depende de su longitud
o intensidad verbal. Comunicamos incluso cuando callamos. A veces sin que
nos demos cuenta el cuerpo habla por nosotros. La dinámica del cuerpo
puede rebasar el poder de la palabra. Una simple mirada crea o destruye;
alienta o inhibe; invita o detiene; aprueba o censura; realza o minimiza.
Carlyle escribió: "El silencio es tan profundo como la eternidad.
La palabra es tan superficial como el tiempo" .
Las nuevas tecnologías
Utilizando recursos de la informática, los multimedios, y las
telecomunicaciones se vienen desarrollando en diversos lugares del mundo
innovadores programas educativos concebidos en torno a los mejores ideales
pedagógicos y didácticos: planeación y gestión
escolar descentralizadas; currículos interdisciplinarios; exigencias
permanentes de capacitación y actualización docente; aprendizajes
basados en proyectos; trabajo cooperativo de los alumnos; nuevos esquemas
de participación de la comunidad en el trabajo escolar; docentes
que estimulan, orientan, y dinamizan el aprendizaje; alumnos que participan
activamente en la construcción de su conocimiento; una evaluación
más comprensiva y sistemática, centrada en la capacidad de
aplicar el conocimiento a la solución de problemas, y que reconoce
las diferencias en el estilos y ritmo de aprendizaje de los alumnos.
Todas las áreas del currículo escolar podrían sufrir
sustanciales cambios en su enseñanza y aprendizaje utilizando en
ellas recursos informáticos. Más que cualquier otro invento
tecnológico, el computador ha expandido las posibilidades humanas
de representar, y almacenar conocimientos de todo tipo. Como lo anota Pagels
(1991), la capacidad que tienen estas máquinas para manejar enormes
volúmenes de datos y simular la realidad nos abre una nueva ventana
para ver la naturaleza, nos permite observar la realidad desde un ángulo
diferente. Es posible que comencemos a percibir el mundo y el universo
en forma distinta sólo porque el computador produce conocimiento
de modo diferente al de los tradicionales instrumentos como el microscopio
y el telescopio.
Aprendizaje por proyectos
La capacidad de interacción personal y social es considerada
en la sociedad moderna una competencia fundamental para el éxito
en el trabajo. En un mundo cada vez más globalizado, la habilidad
para trabajar en grupo, con personas de diversas tradiciones y creencias
morales, culturales, políticas, y sociales, resulta esencial. Aún
poblaciones estudiantiles aisladas por limitaciones físicas, capacidades
intelectuales, factores socioeconómicos, o condiciones geográficas
pueden usar las telecomunicaciones para integrarse y conformar grupos de
trabajo.
Los computadores ofrecen un rango amplio de herramientas para ayudar
a los alumnos a trabajar cooperativamente en la producción de conocimiento.
Muchos programas permiten al usuario indagar causas y efectos, manipular
variables, y resolver problemas en parejas o en grupos. A través
de redes de computadores un grupo de alumnos de diversos grados e instituciones
pueden emprender conjuntamente ciertas tareas de aprendizaje, participar
en la realización de proyectos de investigación, elaborar
periódicos escolares, carteleras, boletines, u otras publicaciones.